Capítulo: Las Dos Estrellas del Día
El salón estaba vestido de ensueño. Guirnaldas en tonos rosa viejo, blanco marfil y dorado flotaban por el aire como si fueran hilos de luz meciéndose en un cielo privado. Las columnas estaban rodeadas de telas suaves, y en cada rincón, ramos de flores secas en jarrones de cristal decoraban con delicadeza. En lo alto, una pancarta de letras doradas brillaba con dulzura:
“Feliz cumpleaños, Brisa y Alma”.
Anahir lo había decidido desde el primer momento: a