Mi madrastra se levantó y fue al cuarto de trastos a buscar una taza, entonces la seguí.
—¿Qué haces aquí? —preguntó.
—Intentando no romper el trato que hice contigo de nunca volver a follarme a tu hija —dije, guiñándole un ojo—. Necesito sexo ahora mismo, pero no puedo ir a buscarla, ¿verdad? —pregunté, acercándome más a ella.
Sus labios temblaron, su pecho subía y bajaba rápido. Todavía intentaba convencerse de que podía resistirme, todavía intentaba fingir que su cuerpo no la estaba traicion