CHUPAME EL PECHO, CHICA.
Me calmé, Ivy, obviamente podemos hablarlo —dije, forzando a mi voz a mantenerse firme incluso mientras el filo frío de la hoja rozaba mi piel.
—Cállate o acabo con esto ahora mismo —espetó, con las pupilas dilatadas, la rabia vibrando en su voz.
Tragué saliva, levantando las manos ligeramente en señal de rendición. —Está bien. Lo siento. Te explicaré… todo.
Su respiración era áspera, su agarre en el cuchillo temblaba no por debilidad, sino por lo fuerte que lo sujetaba.
Por un momento, no habl