—•MEGAN•—
El bajo de la discoteca vibra en mis huesos, pero el escozor en mi corazón es más fuerte.
Termino el último sorbo de mi bebida, dejando que el ardor se convierta en algo parecido al coraje.
A mi lado, un apuesto desconocido se recuesta contra la barra, las luces estroboscópicas se reflejan en sus ojos azul oscuro.
Me levanto de mi silla y me acerco a él, lo suficientemente cerca como para que mis labios rocen la concha de su oreja solo para que pueda oírme por encima de la música.
—¿M