Mira se quedó congelada, incapaz de formar una sola palabra. Su boca se abrió, se cerró y luego se abrió de nuevo, pero su voz la traicionó, negándose a salir. El calor subió por su cuello, inundando sus mejillas con una pesada mezcla de humillación y furia creciente.
La confusión de Derek cambió, endureciéndose en algo más oscuro. Una lenta y incrédula sonrisa se extendió por su rostro, seguida de una risa corta y sin humor.
—No me digas que usas estos para satisfacer tus deseos —dijo, con voz