Aria se inclinó ligeramente hacia adelante, fijando su mirada en la del oficial. —Oh, estoy bien —murmuró, con voz baja y suave—. Solo estaba… distraída por lo guapo que eres. —Una sonrisa burlona se dibujó en sus labios.
Los ojos del oficial se agrandaron y sus cejas se elevaron con sorpresa. —Está bien… gracias —logró decir, con la conmoción aún clara en su voz.
Él se inclinó más cerca de la ventanilla de Aria, y el ala de su sombrero proyectó una sombra sobre sus ojos. —Buenas noches, señori