Un dolor agudo me recorrió el cuerpo como si me clavaran un cuchillo. Intenté incorporarme hasta el borde de la cama, pero solo conseguí que me jalara hacia el profesor Stuart.
—El dolor...— resopló, —es similar al placer. Si lo aceptas, lo sentirás recorrer tu interior.
Y sin más dilación, continuó embistiéndome mientras yo soltaba suaves gemidos.
—Me duele —me quejé, intentando alejarme de él. Pero eso solo avivó su urgencia por atraerme hacia sí.
Mis gemidos se convirtieron poco a poco en su