Andy subió corriendo las escaleras y abrió la puerta de Barclay de un empujón. No había nadie.
—¿Dónde está? —gritó Andy, volviéndose bruscamente hacia Marcia.
Marcia miró la habitación vacía por encima del hombro de Andy; no tenía ni idea de que Barclay no estaría en su habitación después de haberla tocado.
La mano de Andy se cerró con fuerza alrededor del cuello de Marcia. La furia crecía en sus entrañas. —¿Me mentiste?
—No —gimió Marcia.
—¿O lo obligaste a hacerlo y ahora lo culpas? —Andy le