—¿Tanya?
El reconocimiento se reflejó en su rostro como un rayo. Se quitó los guantes apresuradamente.
—¿Tanya? —la llamé de nuevo, esperando que me escuchara.
Cerraba la panadería de su padre bastante temprano. Y tuve que quedarme un rato a pesar de que ni siquiera me miraba.
La seguí a la otra habitación y se giró hacia mí. —Vete, por favor —suplicó.
—¿Me escucharás, por favor?
Pasó a mi lado y siguió con lo suyo.
—Siento que te haya salido mal, pero no me arrepiento —continué.
Hizo una pausa