12:50 hs. - Salomé.
Agotada, exhausta, extenuada, muerta. ¿Quién fuera capaz de continuar luego de aquello? Me dolía la cara, la garganta, las manos, los bajos... Pero la sensación era maravillosa, colosal, magnífica, fenomenal. No podía moverme, pero ni falta que hacía. Podría haberme quedado a vivir ahí para siempre; arropada por el cuerpo de aquél hombre que me había enseñado a ser mujer; rodeada por los brazos de ese chico que me había hecho emprender ese viaje hacia una dimensión totalment