Mi nombre es Antoinette. Esta es la crónica de mis primeros cinco días en prisión.
Las pesadas puertas de hierro del Centro Correccional de Mujeres se cerraron tras de mí con un estruendo que resonó como una sentencia de muerte. En menos de una hora, ya me tenían acorralada en la sala de ingresos. Una mujer que me doblaba el tamaño, con la palabra "Queen" tatuada en tinta negra y dentada por todo el cuello, se cernía sobre mí.
—Te ves blandita, niñita —se burló, clavando un dedo con fuerza e