NORA
La cena fue una pesadilla. No pude saborear ni un bocado del pollo. Cada vez que levantaba la vista, Kaelen estaba allí, sentado frente a mí, sorbiendo su vino con total calma. Actuaba como si no hubiera pasado la tarde con su polla entre mis piernas.
Estaba encantador, hablando con mi madre y con Gius sobre su nuevo trabajo, sobre lo mucho que le pagaba el hospital y sobre cómo pasó esto y aquello, mientras yo seguía allí con los muslos apretados, sintiendo el peso fantasma de su cuerpo t