Enfermera pícara cabalga a un paciente inconsciente.
El silencio en la oficina era pesado. El único sonido era el leve zumbido del ventilador de la computadora. En la pantalla, el video seguía reproduciéndose. Mostraba a Grace y Amber en la habitación 402. Mostraba cada caricia y cada gemido. Grace sintió como si el suelo desapareciera bajo sus pies. Se habían olvidado por completo de las diminutas cámaras de seguridad en las alas privadas.
—Por favor —sollozó Grace. Su voz era un hilo—.
No fue nuestra intención... no lo sabíamos.
El hombre mayo