Sienna
Me recosté en la enorme cama circular, con el pecho agitado como si hubiera corrido un maratón. Las almohadas se sentían como agua fría contra mi piel sobrecalentada.
Miré mi dedo. El anillo brillaba con un número 3 constante y perturbador. Pero a la habitación no le importaba mi agotamiento.
Los gemidos de las otras seis personas en la Habitación 201 eran un recordatorio constante de dónde me encontraba.
Dan no me dio ni un segundo para recuperarme. Estiró las manos y me sujetó los tobi