Ya estaba de rodillas antes de que las palabras terminaran de salir de su boca. La alfombra raspaba mis espinillas, pero apenas lo sentía. Lo único que podía sentir era el calor que emanaba del cuerpo de Mark, la forma en que el colchón aún se hundía donde había estado sentado momentos antes y el olor espeso y almizclado de él llenándome la nariz como una droga. Su polla colgaba justo delante de mi cara: gruesa, venosa, con el prepucio retirado lo suficiente para mostrar la cabeza gorda y brill