Mundo ficciónIniciar sesiónDesde la cama, Flor escuchó los rápidos pasos por el salón abierto hacia las habitaciones. No se trataba de su madre, no era su pisada, así que esperó con la uña del pulgar izquierdo en la boca hasta que tocaran.
–¿Sí?
– Señorita, soy Dora.
–Dorita







