— Buenos días, agente Freire — había bullicio a su alrededor, la campana del recreo acababa de sonar.
— Tengo que hablar con usted a solas — cerró la puerta del despacho, — últimamente está muy ocupado.
— No es para menos, los padres siguen exigiendo compensaciones por lo del registro y hace un rato me acaba de llegar el aviso de la muerte de otro de nuestros muchachos — empezó a agarrar papeles sin orden, como intentando aparentar que tenía mucho trabajo. — Tengo que organizar una charla por