Los días siguieron pasando para convertirse en semanas, para ser exactos tres largas y tortuosas semanas. Desde mi regreso de aquellas cortas vacaciones no he visto ni tenido contacto con Luis Emilio. Por más que quiera negarlo no he podido olvidarme d él, tengo cada caricia y besos tatuados en mi piel, tal y como él lo dijo.
Sé que sus negocios con mi jefe van como viento en poca y dentro pocos días realizarán un evento para recaudar fondos, los cuales serán destinados a orfanatos y casas de reposo para ancianos. Me siento satisfecha con las labores que hacen para ayudar a todas esas personas.
-Ana, por favor ven a mi oficina un momento. -escucho la voz de mi jefe por en intercomunicados, cosa que me hace reaccionar.
-Ya voy señor -respondo poniéndome de pie inmediatamente para ir al llamado de mi jefe.
Doy dos toques en la puerta y enseguida escucho su autorización para que pase a la oficina. Una vez dentro y sentada frente a su escritorio comienzo a tomar nota de cada una d