Dylan
—Abre la boca. —ordeno tajante mientras termino de meter mi polla hasta el final de su garganta—, maldición me encanta como me la chupas, pero lo que más me excita es ver esas lágrimas brotar de tus ojos mientras te la tragas hasta el fondo.
Cierro los ojos mientras me concentro en la imagen de una hermosa pelinegra que me trae vuelto loco. La razón por la cual no la tengo arrodillada frente a mi es simple, es la hija de mi socio y, por lo tanto, es prohibida para mí.
Cada vez que la veo