Mundo ficciónIniciar sesión“La duda es la vacilación o indecisión que se tiene entre dos o más juicios o decisiones; o la incertidumbre que se experimenta ante determinados hechos y noticias”
*****************************************
Seis meses antes
Día uno: Lunes
He dormido muy poco, mi madre me ha despertado a las siete y treinta de la mañana, porque tenía que irse a trabajar y antes necesitaba que me asegurara de que Manu tomaba adecuadamente la dosis de la mañana, ella volverá antes de su tercera dosis de insulina, la de la hora del almuerzo debe tomarla solo, espero que lo haga bien, está entrando en la adolescencia y le cuesta aceptar que está enfermo y cuando se siente bien en ocasiones prefiere no inyectarse o simplemente, no se revisa los índices de glicemia, lo que nos mantiene a mi madre y a mí, en una constante preocupación.
Esta noche ha estado muy movida, contrario a lo que pensé, teniendo en cuenta que han empezado las vacaciones de verano, ha llegado mucha gente al club y no he parado en toda la noche, estoy agotada.
La puerta número trece se encuentra frente a mí con la luz roja activada, sé que él está ahí, pero no tengo el valor de entrar.
Esta mañana, cuando me desperté, fui consciente de todo lo que había aceptado que pasara ayer, recordé su tacto, la sensación de su cuerpo sobre el mío, su respiración y el sabor de sus labios y mi cuerpo volvió a reaccionar, a pesar de que mi mente quería negarlo todo, asumir que habían sido solo sensaciones momentáneas y aisladas.
Mi cuerpo se encontraba hipersensible y sentía dolor en partes que nunca me hubiese imaginado, así que pensé que el señor Perverso tenía razón anoche, tenía que descansar, pero no para volver a sus brazos.
¡No!
Tenía que descansar para continuar con mi vida normal, aburrida, como siempre.
Esto es una locura, no he parado de mentirme en todo el día, ya fui muy imprudente perdiendo mi virginidad con alguien a quien no conozco, pero lo peor es que ahora estoy, frente a la puerta donde me está esperando y la tentación de entrar es inmensa.
Debo pensar en mi familia, en mis estudios, descansar. Debo pensar en mí, en disfrutar de mi sexu...
¡No! ¡No! ¡No!
Tacho, debo descansar, continuar descansando.
Esto es inútil, no sirvo para evaluar las cosas, lo del angelito y el diablito a tu lado aconsejándote, no es cierto, estoy más indecisa que antes.
—¿Qué haces ahí de pie como una momia? —¡Mierda!
La voz de Paul, uno de los chicos que limpia en mi turno, me ha sacado de mi estado taciturno y de paso me ha pegado un susto de muerte.
—Ya nos vamos, nueva —dice mirándome fijamente.
—Acabo de darme cuenta de qué... —Mi mente se queda en blanco, ¿por qué estoy aquí? — He olvidado mi teléfono en mi camerino. —Me alejo casi corriendo, Esto es una señal, ¿verdad?
¡Debo volver a casa!
Todos se han ido, me sueno los dedos una y otra vez, me muerdo las uñas, me paseo de un lado para el otro, abro y cierro mis manos, tengo una sensación de vacío en mi interior, como cuando estás en una montaña rusa y sabes que vas a caer y que la caída libre te va a producir mucha adrenalina, pero tienes miedo, porque eres consciente de que no podrás evitarlo, la caída al final, será fuerte y a pesar del miedo, terminarás pensando que ha valido la pena y querrás repetirlo.
¡Mierda!
Camino de prisa, respiro superficialmente, he empezado a sudar, llevo un vestido dorado hasta las rodillas, un poco pegado a mi cuerpo, con unos botines de tacón alto, estilo romano, del mismo color.
He recogido mi cabello y me he maquillado remarcando mis pómulos y ojos, utilizando solo un brillo en mis labios.
Desde que salí de casa vestida de esta forma me he repetido que lo he hecho por mí, porque el color dorado me va muy bien y porque quería sentirme hermosa, pero soy tan mala mentirosa, que ni yo misma me lo creo, lo he hecho por él, para que no pueda dejar de pensar en mí, de desearme.
¡Dios mío! No tengo estilo de mujer fatal ¿Qué estoy haciendo?.
Vuelvo a estar de pie frente a la puerta trece, esto es una tortura, tortura que yo misma me infrinjo, el tiempo pasa y debo irme a descansar, necesito dormir, debo levantarme para ir a trabajar.
Veo a una pareja pasar por mi lado, el chico lleva un collar atado y la chica una fusta de cuero en su mano, va vestida de rojo, en pantalones cortos y un bustier, me miran y ambos se pasan la lengua por sus labios, me estremezco, pero no porque me sienta excitada, sino porque pienso que algunas personas llegan a un nivel de sumisión tan alto que son capaces de olvidarse de sí mismas y aunque no los juzgo y los respeto, yo no quiero eso para mí, ni siquiera sexualmente.
Me vuelvo y decido volver a casa, no puedo arriesgar todo lo que estoy construyendo por un momento de placer, un increíble momento de placer, en realidad.
Doy el primer paso hacia la salida de emergencia y antes de continuar, vuelvo la mirada, escucho levemente la música que sale de la habitación y me detengo, 1812 Overture, de Tchaikovsky, me encanta.
—¡Quiero follarte! —Me muevo hacia un lado, un tipo completamente desnudo y con una cosita diminuta me habla al oído.
¡Qué asco!
Vuelvo a mirar hacia la puerta número 13, cierro los ojos y maldigo internamente, de solo pensar en la persona que espera en el interior de la habitación, mis pezones se vuelven completamente erectos.
¿Y si no está?
Entro.
—¡Qué linda! —Su voz me estremece, pero en esta ocasión siento que mi cuerpo reacciona completamente, mis mejillas me arden y mi centro palpita.
Finalmente me he decidido a entrar y de solo ver la habitación me dan ganas de llorar y salir corriendo, pero también siento unas ganas inmensas de quitarme toda la ropa y tirarme en la cama, para que el señor perverso me haga lo que quiera.
¿Será muy costoso ir al psiquiatra?
—¡Póntelo! —Señala con su copa de licor hacia la cama donde se encuentra un diminuto traje dorado.
¿Cómo pudo adivinar mis pensamientos?
Está sentado en el mismo lugar de ayer, vestido igualmente de negro, la diferencia es que su cabello está un poco desordenado, como si hubiera pasado sus manos por él, en repetidas ocasiones.
—¿Por qué tendría que hacerlo? —Tomo el valor de responderle. —Ponérmelo —aclaro cuando levanta una ceja. —He venido a que me folles, no a jugar a la muñeca barbie para ti. —Tiene que tener claro, que el hecho de que me encuentre aquí, no quiere decir que solo él tiene el control.







