Mundo ficciónIniciar sesiónYa no trabajo en el club privado, la chica encargada decidió hacer todo lo posible para que me sacaran y hace un mes, me puse supermal en su turno y tuve que pedir una licencia por enfermedad y cuando me reintegré, mi hermano tuvo una crisis y mi madre no se encontraba en casa y no lograron localizarla, así que me llamaron a mí y mi jefa me vio utilizando el teléfono, algo completamente prohibido y claramente, como era de esperarse, me despidieron; Ari habló con su amigo, intentando explicar lo que había pasado, pero fue imposible que volvieran a contratarme.
—Quería que nos sentáramos en un café, como buenas parisinas, hace frío, muero por comerme una milhoja con un chocolate caliente. —Sonrío ante el comentario de Ari.
Seguimos caminando, nos vinimos más temprano porque queríamos pasear un poco y entrar al café, pero cuando apareció Enzo perdimos la oportunidad, tenemos veinte minutos y todavía nos queda un trayecto de cinco minutos para hacer a pie.
—No creo que pase nada extraño porque lleguemos veinte minutos antes, esa gente ni está en sus apartamentos, empecemos antes y así salimos pronto y vamos a un café. —Ariana es de ideas fijas y hacerla cambiar es complicado.
—Prefiero esperar —respondo, no quiero llegar antes de tiempo y meterme en un problema.
Observo a los hombres con abrigos regios y costosos en la calle y pienso en él, no he podido dejar de hacerlo, no le he contado a Ariana que sigo pensando en él y que lo busco en las calles, en cada hombre alto y de cabello oscuro. No le he dicho que tengo la esperanza de encontrarlo por azar, aunque dicen que es casi que imposible que eso pase en París.
Cada que tengo que limpiar una casa de una persona muy rica, me imagino que es la suya, a pesar de que sé que no podría ser, porque me dijo que estaba visitando la ciudad, y por como hablaba y su acento, podría asegurar que es belga.
¡Bruselas está tan cerca!
—Deja de ser tonta, nunca están en sus casas, tú estás muy cansada y pálida, hace frío, debes descansar, no quiero correr contigo a las urgencias, ya he tenido bastante con tu hermanito, no me lo tomes a mal, pero las urgencias apestan. —Le hago un dedo de honor y sigo caminando.
—De acuerdo, vamos. —La tomo de la mano y atravesamos la calle.
De verdad espero que la propietaria no esté allí, es la primera vez que voy, reemplazo a una amiga de mi mamá y no quiero hacerla quedar mal, ya que pagan muy bien y podrían necesitarme en otro momento.
Me detengo un segundo al ver una camioneta estacionada muy cerca al edificio a donde voy, siempre me pasa lo mismo, cada vez que observo una camioneta como la que me llevó a la casa de mi clienta cada madrugada durante los siete días que estuve con él.
Solo que hoy, la sensación es diferente, podría jurar que conozco ese auto, que es la misma 4x4, mi cuerpo se estremece de solo recordarlo y pensar que esté cerca.
Llegamos hasta la puerta y busco las llaves, le pedí a Ariana que me ayudara con la aspiradora y yo me encargaré de las otras cosas, limpiar el polvo, lavar baños y el suelo.
El apartamento es increíblemente hermoso, ya quisiera yo vivir en un lugar como este; entramos a la cocina y seguimos hasta una pequeña habitación, donde están las máquinas para lavar y secar la ropa y los implementos de aseo.
Dejamos nuestros bolsos y abrigos en ese lugar y nos preparamos para comenzar, Ariana me dijo que podía limpiar los baños, pero con pasar la aspiradora ya me está ayudando bastante.
Organiza la aspiradora para empezar por la sala y yo me dirijo a la habitación principal, si termino con los baños y el polvo rápidamente, seguro podré descansar un poco.
Llevo algunos implementos de aseo en mi mano, con lo cansada y pesada que me siento últimamente, me cuesta más trabajo hacer las cosas, ser eficiente.
Empujo la puerta con mi hombro y en el acto, todos los productos caen al suelo creando un fuerte ruido.
¡Dios mío! ¿Por qué siempre estoy dejándome llevar por Ariana? No debí venir antes de tiempo.
—¿Qué diablos?
Mis ojos se abren al observar a la chica que levanta la cara, las manos de un hombre se encuentran tocándola en medio de sus piernas, lleva un jersey rojo que está enrollado, mientras uno de sus senos está siendo rodeado por la otra mano del hombre.
Mis ojos se abren y la cabeza empieza a dolerme de inmediato al reconocer a la persona que se encuentran frente a mí, la mujer con la que tuve el inconveniente mi primer día de trabajo en el club nocturno, se encuentra frente a mí a punto de ser follada.
¡Esto no puede ser posible!
—¿Qué haces en mi casa a esta hora? Lárgate, eres la chica de la limpieza, ¿verdad?, todavía faltan algunos minutos. —Al parecer no me reconoce, pero como va a hacerlo, si nosotros solo somos la clase irreconocible, sin nombre. —Sal de mi habitación ahora mismo. —Intento moverme, pero me cuesta hacerlo con rapidez.
—¿Por qué gritas? Sabes que detesto los gritos. —Mi cuerpo se estremece, reconozco esa voz.
—Lo siento querido, pero la estúpida de la chica de la limpieza ha llegado mucho antes —dice la idiota pelirroja del club, volviendose hacia él.
¡Como la detesto!
—Lo siento —me disculpo como un autómata e intento inclinarme.
Esto no puede ser verdad, debo estar alucinando, pero cada poro de mi piel ha reaccionado a su voz.
Debo recoger los productos que cayeron al suelo, estoy perdiendo la razón, no todos los hombres de cabello oscuro y con voz ronca y sensual son él; Sin embargo, mi mente se queda en blanco y estática cuando el hombre de cabello oscuro a cuya voz ha reaccionado mi cuerpo hace un segundo, da un paso hacia un lado y levanta la cara y vuelvo a perderme en su intensa y profunda mirada.
¡Dios mío! El señor Perverso.
Su expresión cambia en el momento en el que me mira, sé que me ha reconocido; sin embargo, se centra en mi vientre, mi corazón se salta un latido, giro e intento salir de la habitación.
¡Al diablo con los productos de aseo!
—¡Espera!
Siento de nuevo como cada fibra de mi cuerpo vuelve a reaccionar frente a él, como si acabara de recibir un chute de la dosis que necesito, que en este caso es él, mis pezones se han vuelto erectos, mi boca se ha secado por completo, me he humedecido y mis pupilas se han dilatado.
—Te ayudo a recoger. — Sé que se está acercando a mí, pero me niego a girar y mirarlo. —Tesoro, tenemos que hablar —me susurra al oído.
Cierro los ojos y mi mente vuelve de inmediato a aquel club, hace tantos meses, donde me encontraba indecisa sobre que hacer, pero segura de que fuera lo que fuera lo que decidiera, mi vida cambiaría para siempre.
¡Y lo hizo!
—¡Dos horas! —Vuelve a susurrar, me entrega los productos que ha recogido y pasa de largo seguido por la idiota.
—¿Has visto al bombón que acaba de irse? Está como para comérselo enterito y no dejar un huesito. —Escucho a Ariana y suspiro.
—Es él, Ariana. Es el padre de mi hijo. —Cierro los ojos e intento controlar mi corazón acelerado y de calmar al bebé, que dentro de mi vientre, se mueve como loco.







