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Capítulo 21: Indignación parte 3

Me deja de nuevo con la música y vuelvo a mirar por la ventana, logro ver la parte final de un auto y podría jurar que es la misma camioneta y que solo se ha cambiado de lugar.

 — Ya estoy aquí, quiero aprovechar para hablar de un tema delicado con usted, perdone la pregunta ¿Está usted embarazada?

—Sí, lo estoy —respondo de inmediato sin comprender como lo sabe.

—Es que le he enviado unos documentos por la aplicación del banco y al principio pensé que por eso me llamaba. En ellos hemos aceptado la solicitud de una cuenta de ahorros para su bebé y quería confirmarle que recibimos el primer depósito. —Me siento en la cama, no tengo la menor idea de lo que habla. —Estoy comprobándolo y necesito su firma, según lo que veo, la consignación proviene de la parte del señor Meyers, es el padre ¿verdad? Porque ha hecho un depósito de un millón de euros, pero teniendo en cuenta la suma, necesitamos su autorización para aceptarlos. —La chica está impresionada, al igual que yo.

—¿Un millón de euros? —repito.

—Sí, señorita Santos y están incluidos los impuestos, quiere decir que usted no tendría que declararlos. Perdone la pregunta, pero es necesario confirmar si el señor Konstantinos Meyers es el padre. —Mi mente sigue divagando ¿Un millón de euros?

—Sí —contesto como autómata.

—Perfecto, señorita Santos.

Su voz ha cambiado, he dejado de ser la chica con una cuenta de máximo mil quinientos euros al mes, que se iba rápidamente a cero, para convertirme en la madre de un bebé con una cuenta bancaria de un millón de euros y ni siquiera ha nacido. Me pongo de pie y vuelvo a acercarme a la ventana.

—Entonces ¿Registro la cuenta como Bebé Meyers o Santos? Teniendo en cuenta que podemos cambiar el nombre del titular cuando quiera.

 Dejo de escucharla y me concentro en la camioneta, mi indignación aumenta, el imbécil ni siquiera me ha escrito, no me ha consultado nada, no hay un error en mi cuenta, el puto error se llama Luka Konstantinos Meyers, la indignación bulle en mi interior.

 —¿Señorita Santos? —Escucho de lejos a la chica.

—Perdone, tengo que colgar. —Me pongo un abrigo y una bufanda, salgo de mi habitación y mi madre se encuentra en la cocina, está cantando feliz, Emmanuel está mirando la tele, tan concentrado que ni me mira.

—¡Vuelvo más tarde! —grito después de ponerme las botas, camino lo más rápido que puedo, tengo ganas de asesinar a alguien y ese alguien, tiene nombre propio.

Me acerco a la camioneta, paso por el lado al observar a los amigos de Enzo en una esquina.

 ¡Maldita sea!

Hago un gesto disimulado para que abran la ventanilla, dos hombres me miran fijamente.

—Díganle al señor Perverso que me llame ¡Ahora! —Sigo mi camino hasta llegar a un supermercado a cien metros, entro y observo los productos con las manos apretadas.

NÚMERO DESCONOCIDO: Salida principal de la estación de tren del Norte.

El idiota no es capaz de llamarme, estoy tan indignada que quiero romper el teléfono en mil pedazos.

Salgo de la estación y observo a mi alrededor, veo una camioneta negra lujosa que se detiene frente a mí.

—Señorita Santos —dice el hombre que me recogía cada madrugada en el bar.

Subo a la camioneta y soy llevada hasta el palacete en donde estuve con Ariana, desciendo hecha una furia, no saludo a nadie, no espero nada, solo entro y me dirijo al puto taller de alfarería.

—Por aquí, señorita Santos. —Todos me van a enloquecer con su trato súper formal.

 Sigo las indicaciones del hombre que me está guiando hasta el fondo del pasillo en el segundo piso, donde una gran puerta en el centro se abre.

—¡Tesoro! —Su voz me estremece, pero no puedo sucumbir, no tengo tiempo para las estupideces de mi cuerpo.

 Lo observo por unos segundos, tiene unos jeans azules deslavados y rotos y una camiseta negra, nunca lo había visto tan informal y tan guapo.

¡Detente Gia!

Reacciono al escuchar el ruido de la puerta al cerrarse, trago con fuerza y lo empujo con mis brazos extendidos.

—¿Un millón de euros? ¿Transferencias diarias a mi cuenta bancaria? ¿Han hackeado mi puta cuenta? ¿Qué m****a te crees que eres? ¿Quién piensas que soy? ¿Tu puta? No soy tu maldita puta, no soy nada tuyo, ya te encargaste de dejármelo claro, desaparece de mi vida, de mi mente, de mis sueños, ¡Déjame en paz! —le grito y siento cómo las lágrimas empiezan a deslizarse por mis mejillas.

 Me siento tan indignada que la furia me controla, lloro de rabia, de impotencia, tal vez estoy exagerando, no lo sé, pero en este momento, es de esta manera como me siento.

—¡Gia! —Escuchar mi nombre en sus labios, con su voz ronca y sensual me altera. —No puedes alterarte de esa manera, no está bien para el bebé, debes descansar, estar en calma. —Me quedo mirándolo ¿Debo descansar? La incapacidad, no puedo creerlo.

—Fuiste tú, ¿Verdad? ¿Qué diablos quieres? ¿Controlar toda mi vida? Mi médico me ha incapacitado y no puedo trabajar ¡Pero claro! —Vuelvo a empujarlo. —No debo preocuparme porque mi cuenta está llena, tengo el suficiente dinero para estar tranquila, porque a pesar de los gastos, la cuenta no cambia, sigue intacta y además tengo un millón de euros adicionales, así que, ni siquiera sé por qué me preocupa que un imbécil venga a controlar mi vida ¿Has amenazado al médico?

—No soy un mafioso, Gia. Yo no amenazo a nadie —responde con toda tranquilidad.

—No, no eres un mafioso, ¡algo que tenemos que agradecer! —grito. —Dime, quien eres, por qué Bastian te tenía miedo ¿Quién diablos eres Luka Konstantinos Meyers?

Luka toma mis tensas manos que acaban de volver a golpearlo en su pecho y rodea su cintura con mis brazos, acercándome a él, cierra mis manos con una suya mientras que con la otra toma mi mentón, levanta mi cara y acerca la suya.

—Soy tuyo y el padre de tu bebé, eso es todo lo que necesitas saber —susurra antes de apoderarse de mi boca de manera salvaje.

Por un segundo mi indignación no me permite seguirlo, pero mi cuerpo es terco y hace lo que quiere, Luka libera mis manos y me levanta en peso, ya no soy tan liviana como antes, pero sin importarle se mueve conmigo por la habitación hasta sentarse en un gran sofá y dejarme a horcajadas sobre él.

 —Soy quien te da los mejores orgasmos de tu vida y eso no podrás cambiarlo nunca.

Me muerdo los labios y quiero gritar, alejarme, pero en segundos Luka introduce su mano entre mi pantalón premamá, que le facilita el acceso a mi interior, para luego deslizarse, en medio de mi caliente humedad y yo olvido por completo, que fue lo que me trajo a este lugar.

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