La revelación de Raquel es la gota que derrama el vaso.
Una vez que dejo de reír histéricamente, logro llegar hasta un sitio de taxis. El día que desperté en el baño de sangre no reaccioné como debí, traté de mantener la calma y la presencia de los demás sobrevivientes me ayudó a no entrar en pánico. Pero con cada suceso desde entonces, todo se vuelve más difícil, más ilógico, más incomprensible. Y todo el miedo, la ansiedad, la preocupación y el agobio lo he enterrado lo más hondo posible, per