Escondo las manos detrás de mi cuerpo, no estaba haciendo nada malo, solo que no era apropiado. Sacudo la cabeza para borrar de mi mente ese par de ojos color esmeralda.
―¿Qué hace este cuaderno en el suelo?
Lo levanta y lo avienta hacia mi escritorio, ah, nos despertamos bravas ¿eh?
―Maldita sean todos y todas ―avienta la mochila hacia su cama y abre la ventana―. ¡Jódanse!
Grita hacia afuera y vuelve a cerrar la ventana. Se sienta en la silla de su escritorio y comienza a dar vueltas. Espero a