Sus mejillas se sonrosan, sus hombros decaen. Al verlo detenidamente siento una punzada en el pecho, una cuchillada, tal vez decepción. Se despide escuetamente y me desea suerte antes de salir de la habitación.
Una vez que empaco todo, reviso una última vez la habitación. Una sensación de nostalgia se apodera de mí. La interrogante del qué habría pasado si jamás hubiese ocurrido la masacre. Raquel y yo seríamos amigas, la habría animado a acercarse a Ventura, habríamos criticado a mi ex, habría