Dos semanas después – Mansión Carbone, Palermo.
El sol ardía sin compasión sobre el mármol blanco de la entrada principal. Invitados de todas partes de Sicilia llegaban uno tras otro, vestidos de gala, con sonrisas de compromiso y miradas cargadas de sospechas, ambiciones y pactos. Era el bautizo de James Carbone, el heredero. El evento había sido anunciado con la urgencia de una declaración de poder. Juan Carlos, aún convaleciente en su lecho, no había sido invitado. Vittorio ya no se molestab