La mañana en la mansión Moretti transcurría como cualquier otra. La luz del sol se filtraba por los amplios ventanales del comedor, iluminando la larga mesa donde Alessandro tomaba su café negro con una expresión impenetrable. Frente a él, Isabella hojeaba una revista de moda mientras Matteo mordía distraídamente una tostada.
Sin embargo, Alessandro no podía evitar notar que una silla permanecía vacía.
—¿Enzo aún duerme? —preguntó sin levantar la vista de su taza.
—No lo he visto —respondió Isa