Derek apretaba con fuerza el volante mientras su rostro reflejaba una mezcla de frustración y pánico. Pisaba el acelerador con una intensidad que parecía desafiar las normas del tráfico. Su mandíbula estaba tan apretada que los músculos de su rostro se marcaban. Golpeó el volante con una mano mientras sostenía el teléfono con la otra, intentando, sin éxito, contactar a su hermano adoptivo.
—¿Dónde estás, James? ¡Contesta, maldita sea! —gritó con voz desgarrada, su frustración alcanzando el lími