Cristian se llevó las manos al rostro, como si intentar cubrirse pudiera protegerlo del juicio en los ojos de su hijo. Sus hombros temblaban levemente, y aunque mantenía la voz firme, su vulnerabilidad era evidente.
—Me he vuelto loco, Liam —dijo, su voz rota por la desesperación—. Día y noche trato de no pensar en él, en Vittorio. Me repito que ya está muerto, que tengo que seguir adelante. Pero no puedo. No puedo sacarme este amor del corazón, no importa cuánto lo intente.
Liam lo miraba en s