Durante el trayecto, Liam permaneció en silencio, observando las calles que pasaban frente a él sin realmente verlas. Su mente estaba demasiado ocupada ensayando las palabras que usaría, aunque sabía que probablemente olvidarían todo en cuanto estuviera frente a Cristian.
Cuando finalmente llegaron al imponente edificio donde su padre tenía su empresa, Liam vio el coche de Cristian estacionado en la entrada. Fue como una señal, una confirmación de que no había marcha atrás.
—Voy a bajarme ahora