—Duerme cariño, necesitas descansar.
La niña se acostó, Luana acomodo las colchas y salió de la habitación.
Bajo las escaleras, con los vasos, entro a la cocina, los lavo y los dejo secar.
Valentino aún no regresaba, ¿seguirían hablando de lo mismo?, se preguntó.
Fue a la sala y se paró frente al gran ventanal que cubría todo el frente dejando a la vista la inmensa piscina, la casa era todo un sueño, su sueño. Tal y como ella la había ideado en su mente y la había plasmado en la maqueta.
Se sen