Valentino, se sentó frente al doctor, quien lo miraba de manera interrogativa, pasaron unos minutos ninguno se atrevió a hablar.
El doctor Quezada, temía que esta situación afectara la salud de su paciente, que afectara su pronta recuperación, pero no podía hacer nada, el hombre, frente a él, estaba completamente nervioso, como si su esposa hubiera sido la que estuvo en esa camilla.
Finalmente hablo.
—Valentino, ¿puedo llamarte Valentino?
—No hay problema, dime
—Sabes que hace poco tomé el caso