—Cariño, estoy en casa, ¿vendrás?
Valentino se quedó idiota, el descaro de esa mujer le freía el cerebro. —¿Estás, demente? ¿Por qué iría a verte?
—¿Por qué somos esposos? ¿Por qué tenemos dos hijas que nos necesitan?
Valentino, apretó los dientes con rabia, nunca se había percatado de esa manera tan sutil que tenía Maritza de manipularlo mediante la lástima.
Hasta ahora, que recién se había percatado.
¿Siempre había sido así? ¿Por qué no me di cuenta? Pensó.
Lástima, eso era lo que le hacía ag