Cuando Hazel llegó según lo acordado, Amber ya la esperaba en una mesa junto a la ventana. Como no iban a tratar nada secreto, Amber había elegido deliberadamente un salón abierto, asegurándose de que el lugar fuera espacioso y que la conversación no resultara incómoda.
Antes de que Hazel pudiera sentarse, el camarero llegó con los platos que Amber ya había pedido. En poco tiempo, la comida comenzó a llegar: todos los platos eran los favoritos de Hazel.
Al principio, Hazel pensó que Amber podrí