Más tarde esa noche, la Mansión Queen estaba intensamente iluminada, lujosa y majestuosa.Adele Boyle se hallaba recostada en un chaise longue, disfrutando de una mascarilla facial mientras una sirvienta, arrodillada a su lado, la atendía con esmero.Se llevó a la boca una uva roja, carnosa y dulce, saboreando su jugosa frescura. La vida era verdaderamente perfecta.—Señora, esto no es bueno… —una sirvienta irrumpió presa del pánico.La criada que estaba arrodillada haciéndole la manicura a Adele se estremeció del susto, haciendo que el esmalte se torciera.Adele la pateó sin miramientos, gritando furiosa:—¡Idiota! ¿Ni siquiera puedes encargarte de algo tan pequeño? ¿Para qué te quiero? ¡Fuera!Luego alzó la cabeza y empezó a reprender a la sirvienta recién llegada:—¿Qué haces gritando como una estúpida?La sirvienta, temblando, señaló hacia la puerta.—Señora, ella… ella…—¡Tsk, tsk! Han pasado tres años y los sirvientes se vuelven cada vez más insolentes. ¿Así fue como mi tía los
Leer más