Relata Ava:
Apenas llegué al aeropuerto de París, encendí mi teléfono, tenía innumerables cantidades de mensajes de mi abuelo, de Alex y de algunos amigos preguntándome en dónde estaba.
Me di cuenta de lo incorrecto que fue irme así, pero tenía mis razones, si no me alejaba de Alex, seguramente terminaría cediendo ante él. Y si le avisaba a mi abuelo, él podría terminar por convencerme de quedarme.
No me quise arriesgar y salí directo al aeropuerto, aunque todavía sopesaba lo que hacía, pues