—¡No me toques! —vociferó Kayla con rabia. Al sentir cómo Hades la ha tocado.
El la suelta al ver su expresión llena de rabia y cómo unas cuantas lágrimas bajan por sus mejillas. Lo que lo hace sentir culpable. A la vez que los amargos momentos que le hizo pasar se manifiestan en su mente dándole un golpe imaginario que casi lo noquea.
Ella se da vuelta; sabe bien que su rostro no tiene el aspecto adecuado para estar viéndolo. Así que se apresura a ponerse la camisa de su pijama, cubriend