Si creía que tocar su piel y besar su boca era suficiente para convertirme en adicto a ella, sus labios succionando y apresándome como si nunca quisiera soltarme me dejó con la mente en blanco. Su boca se siente muy bien, para ser honesto, en demasía. Ver como mi masculinidad se pierde centímetro a centímetro en su boca es una obra de arte, algo que no tiene nombre ni descripción correcta, más cuando con su mirada angelical y perversa me termina de noquear.
Aceleró sus movimientos, ayudándose a