Un calor sofocante se apoderó de todo mi ser, pues la h*medad de su intimidad y el roce constante de mis dedos sobre ella me tenía al borde de la locura. No supe ni cómo mirarla a la cara. Una parte de mí se sintió muy mal por lo que estaba haciendo, pero la otra flotaba en las nubes, deleitándose con sus finos gemidos y suaves vibraciones. Debe sentirse extremadamente bien y excitante lo que estoy haciendole sentir, ¿verdad? Porque su respiración se volvió más errática con el pasar de los segu