No hubo necesidad de decir más palabras, la emoción que me causó su aceptación a pesar de sus creencias y su bondad, fue mucho más grande. El amor que había escrito en sus ojos le dio paso al deseo y a la pasión en solo segundos, haciendo que nuestros cuerpos aclamaran una vez más nuestra unión.
Devoré a gusto sus labios, perdiéndome en el dulce sabor de ellos y su húmeda lengua que no daba tregua a la mía en ningún instante. A los dos se nos aflojaron gemidos con tremendo beso que escalaba a