—No lo sé —confieso.
Toca mi hombre con cariño. —Tranquila, siempre lo has dicho, ya eres toda una mujer y sabrás tomar tus decisiones.
Le sonrío, aunque no del todo.
—¿Y? —me mira con picardía.
—¿Y? —repito.
—Sabes de que hablo —pega su espalda al sofá y me mira esperando a que hable. —.Bueno, como gustes, ¿ya Hugo te quito lo seca? —despega su espalda del sofá y se inclina hacia mí. —. ¿Cómo es?
Me muevo un poco hacia atrás carraspeando y ella ríe.
—Así me pagas todas las clases que te