La tensión en la sala se sentía como una cuerda a punto de romperse. Tras la revelación de Leandro y las irrefutables pruebas que proyectaban la traición de Liz y Fidel, el silencio sepulcral fue roto por un grito desgarrador desde la parte trasera del salón.
— ¡MALDITA MENTIRA! — la voz de Cristina, la madre de Liz, resonó con histeria. Todos los ojos se volvieron hacia ella mientras se levantaba de su asiento, temblando de rabia. Avanzó hacia Brianna con pasos firmes y descontrolados, señalán