Padre preocupado.
Los días estaban transcurriendo y Rubén bastante recuperado, se incorporó a su trabajo; y desde hace días no veía la hora ni el momento; para hablar con Mauricio, con la única idea de preguntarle por Reishel; pero la conciencia lo hacía sentir, como al descubierto, la culpa lo hacía parecer desarticulado, hasta que una tarde tomó valor para hacerlo…y por fin se encontraron en la oficina…
—¿Cómo estás Rubén, como te has sentido?
—¡Mejor, Mauricio, mejor!...¿Y tú cómo estás, ya no vienes con t