Marcela se sentó en su sillón favorito, un lugar que siempre había sido su refugio, pero que en ese momento le resultaba extraño. Miró por la ventana, el cielo gris parecía reflejar su estado de ánimo. Su hijo, Mauricio, había estado distante, casi como un extraño en casa. La preocupación en su pecho crecía con cada día que pasaba sin que él le dirigiera la palabra.
—Regina —dijo, rompiendo el silencio en la habitación—, estoy realmente preocupada por Mauricio. No sé qué le pasa, no habla, no c