Rogelio y Mauricio estaban sentados en la taberna, el ambiente a su alrededor vibraba con el murmullo de conversaciones y risas de otros clientes. La decisión de Mauricio de buscar a Reishel había dejado a Rogelio con un dilema, porque aquella mujer le gustó a Rogelio desde que la vió, pero también tenía un sentido de lealtad hacia su primo como buen Villacastín.
—Está bien, primo —dijo Rogelio, rompiendo el silencio—. Te ayudaré a encontrarla, creo saber dónde puede estar. Pero tenemos que ser