Me desperté con el cuerpo dolorido a la mañana siguiente. Me dolían los ojos y estaban hinchados de tanto llorar. Puse el reloj para despertarme a las seis en punto para empacar.
Eran las nueve en punto cuando Otto entró en mi habitación y yo todavía no había hecho las maletas.
- Pensé que ya estarías listo. - el dice.
- Estoy tratando de ser rápido.
- ¿Quieres ayuda?
- Sí...
Empezó a sacar las piezas de las perchas y me las iba pasando para que las metiera en mis bolsos. Su cara también estaba