Mundo ficciónIniciar sesiónAnnabelle Maxwell es una de las mejores novicias del convento de la sagrada caridad, ella tiene claro su objetivo, convertirse en monja y servir a Dios el resto de su vida, pero ¿Qué pasará cuando Bastián Jones se atraviese en su camino? ¿Qué hará Annabelle cuando Bastián le demuestre lo bien que se siente convertirse en una pecadora? De la mano de Bastián, Annabelle conocerá cada uno de sus límites y de sus más bajas pasiones. «El corazón del hombre está inclinado al mal, pues bien, después de esa noche el mío se inclinó y se postró a los pies de Bastián Jones»
Leer másPOV GABE
Oí que llamaban a la puerta y entró Jorel. Mi hermano era la única persona en la tierra que se atrevía a entrar en mi despacho sin llamar. Y no se molestó en ser anunciado, como si su presencia fuera lo bastante importante como para no necesitar ninguna formalidad.
- Recibí tu mensaje. - Se sentó frente a mí y cogió un bolígrafo de la mesa- ¿Cuánto has pagado por esto?
- Menos de lo que pagas por una prostituta. - Apenas aparté la vista de lo que estaba haciendo en el ordenador.
- Yo no salgo con prostitutas. Soy lo bastante hombre como para que, afortunadamente, no necesite pagar a nadie para satisfacerme sexualmente, como "algunas y algunos" por ahí. - Se rió libertinamente.
Minimicé la pantalla importante en la que estaba trabajando y la miré:
- No recuerdo haberte dado el derecho siquiera a "pensar" sobre lo que hago o dejo de hacer. - Lo dejé muy claro.
- Cuando levantas la ceja así, pareces un viejo. - Continuó burlándose de mí.
Respiré hondo e intenté meterme en la cabeza que Jorel era un idiota y que me sería útil, sobre todo ahora:
- A mis 30 años, no creo que sea viejo. Pero existe la madurez, que no se aprende en la universidad.
- Sabes que me he perdido unas cuantas lecciones. - Se rió, encontrando divertido que no le importara nada en la vida excepto los coños.
- La gente toma decisiones en la vida. Si la tuya fue ser un idiota sin futuro, recordado por el número de coños que se comió a lo largo de su vida, me importa una m****a.
- ¿Me has llamado para hablar de mi estilo de vida? - su cuerpo se arqueó ligeramente hacia delante, con cara de desinterés.
- No. En realidad, te he llamado para decirte que te vas a casar. ¡Felicidades!
Maximicé la página en el ordenador, volviendo a trabajar en el análisis del importante proyecto que tenía que terminar al final del día para aprobarlo o desaprobarlo.
Oí que Jorel se reía, pero no me molesté en mirar su estúpida cara. Porque sabía que haría lo que le dijera. "Todos" me obedecían y mi hermano no sería diferente.
Seguí leyendo la letra pequeña delante del ordenador, y su molesta risa fue disminuyendo hasta que cesó:
- ¿Por qué me has llamado?
- Ya lo he dicho. - me limité a decir, sin querer desgastar mis cuerdas vocales.
- No me voy a casar. Si has leído eso en algún sitio web por ahí, es mentira. De hecho, para eso es para lo único que sirven estos putos sitios de cotilleos hoy en día, ¡para destruir la reputación de tipos buenos como yo! - Su tono de libertinaje me irritó profundamente.
- Sí, te vas a casar -confirmé en voz baja- con Olivia Abertton.
Jorel volvió a reír como un burro. ¿Cómo que el laboratorio quería que comprara un medicamento que ya había negociado con otra empresa farmacéutica? Ni siquiera deberían haberme enviado la propuesta. Todo el mundo en el negocio sabía ya que yo no negociaba productos que no fueran exclusivos. Clifford ya estaba en un nivel en el que ni siquiera necesitaba competir. Era el mejor del mundo.
- ¡Al menos puedes mirarme a la puta cara! - Jorel cambió la voz, casi hasta gritar.
Suspiré y bajé la pantalla:
- ¿Te puedes creer que todavía haya laboratorios que quieran hacer negocios con Clifford cuando ya han vendido antes el producto a otra empresa farmacéutica? - Me recosté sillón de cuero, ligeramente estresado por la petulancia en mi de algunas personas en mi trabajo.
- Me importa un carajo tu maldito negocio, Gabe. ¿De qué boda estás hablando?
- Tuyo -dije de nuevo, con calma, por si no se daba cuenta de que no tenía más remedio que huir de ella-. Te casarás con Olivia Abertton.
- ¡Ni de coña! - Se rió, pero pude ver en sus ojos el nerviosismo de un inmaduro temeroso.
- Sí, lo harás.
- ¿Por qué me lo dices a mí? - Volvió a reír, sus labios apenas se movían - Soy mayor de edad, ¿lo has olvidado? No puedes obligarme.
- ¿Estás enamorado de una de sus prostitutas?
- No son prostitutas. - vociferó.
- Se aprovechan de tu alcohol caro, de las cenas que les ofreces en los restaurantes más lujosos y se acuestan en las mejores sábanas de los hoteles más premiados del mundo. A cambio, te dan sexo. ¡Son prostitutas!
- ¡Eres un hijo de puta!
- Y tú eres un playboy mimado que no tiene nada que hacer con su vida. Así que cásate y ya está.
- ¿Por qué estás tan seguro?
- Porque si no, te quitaré la paga.
- No puedes hacer esto.
- Sí que puedo. Lo consigues por caridad. No eres mi hijo ni nada de eso. No tengo ninguna obligación contigo de darte dinero todos los meses para que te lo metas en putas.
- Soy tu hermano, Gabe.
Annabelle. Abro los ojos con pesadez, me los froto con las manos y adapto mi vista a la oscuridad que hay alrededor, estiro mi cuerpo y apago la alarma de Bastián que no deja de sonar, vuelvo a tirarme en la cama y admiro el bonito rostro de Bastián yo estiro mi mano y acaricio con mis dedos cada una de las facciones de su rostro, acaricio sus cejas pobladas, sus mejillas, su mandíbula en la que tiene una barba incipiente, recorro su cuello y su pecho, hasta que delineo la silueta de uno de sus muchos tatuajes.-¿Qué estás haciendo? – pregunta con la voz pastosa.-Nada – sonrío y sigo acariciándolo con delicadeza, quiero trazar un mapa de su cuerpo, no quiero olvidar nunca a Bastián, no quiero olvidar sus lunares, sus tatuajes o ninguna de sus cicatrices.Bastián abre los ojos lentamente y me mira – ¿Entonces ya me perdonaste?-No &ndash
Annabelle. Bastián me aprieta contra su cuerpo como si yo fuera la única cosa en el mundo de la que pudiera aferrarse, yo sonrió contra su cuello y siento que mi corazón comienza a latir al mismo ritmo del de él. ¡Dios! Lo amo, lo adoro más de lo que he querido nada nunca, creo que en este momento yo perfectamente podría definir a Bastián como mi religión, me encantaría poder adorarlo, besarlo, y amarlo todos los días de mi vida.– Pensé que no ibas a venir – me dice al oído – no creí que fueras a perdonarme.–¡Yo jamás he dicho que vaya a perdonarte! – lo molesto y me alejo un poco de él para poder mirarlo a esos bonitos ojos que tiene.–¿Ya te habia dicho que eres mala, Annabelle Maxwell? – me pregunta con una sonrisa lobuna.– Si, creo que sí.
Bastián. El auto me deja frente al aeropuerto, yo respiro profundo, agarro la pequeña maleta que he traído conmigo y me meto dentro del aeropuerto, donde la gente camina de un sitio a otro esperando llegar a su destino. Miro para todos lados, la estoy buscando, es obvio y no necesito negarlo, quiero saber si está aquí, quiero saber si es capaz de perdonarme y de darme otra oportunidad o si por el contrario ya no hay nada que hacer para salvar esto que nunca tuvimos, pero que a pesar de todo, aun podemos tener.No hay rastro de ella, yo sería capaz de reconocerla en cualquier rincón del mundo, podría distinguir sus ojos grandes y claros mirándome en medio de toda una multitud, podría encontrarla, aunque se tratara de una aguja en un pajar, pero Annabelle no está.Hago todo el proceso en el aeropuerto y me meto en la sala de espera de abordaje, antes de tomar asiento, la
Annabelle. No he podido pegar el ojo en toda la noche, he estado en vela pensando que es lo que debo y lo que en realidad quiero hacer, miles de posibilidades se han pasado por mi cabeza, miles de escenarios en donde a pesar de todo, él y yo logramos salir adelante, incluso con nuestras diferencias abismales y cada una de las cosas en nuestra contra.Ya ha amanecido, el sol se pone al horizonte de Londres, lo cual es muy raro teniendo en cuenta que aquí llueve la mayor parte del año. Yo suelto un suspiro y miro por la ventana de mi habitación, afuera todo parece estar en calma, pero sobre todo, en orden, la imagen me hace sentir extraña por dentro, y no sé que es lo que me obliga, pero sin darle demasiadas vueltas al asunto, voy al baño de mi habitación, me quito la ropa y me meto bajo el caudal del agua tibia.Me unto el cuerpo de cremas, jabones y exfoliantes y me enjuago perfectamente,
Último capítulo