William no lo siguió, dejó que se fuera. Ver a Kathryn en el piso, con sangre en la boca, la ropa destrozada y llorando lo hizo salir de su estado de furia. Se acercó a ella y estaba tan horrorizado y asustado que no sabía qué hacer, no sabía cómo reaccionar. Había caminado junto a los cuerpos muertos de varios de sus colegas muchas veces y ni una vez perdió la calma o se sintió confundido. Estaba más que entrenado para afrontar todo tipo de situaciones que eran usuales en su profesión, pero na