Arrastraron a William hasta el sótano donde lo ataron a una silla. No era difícil saber porque había ido solo hasta la boca del lobo: su relación con Kath era algo más que la de un sacerdote y una devota. No solo estaba huyendo y jugando en la parroquia, tuvo tiempo para hacerse el casanova y divertirse con su dulce Kathryn. Por eso ella tenía su fotografía en la oficina. Tomó otra silla y se sentó a mirarlo mientras seguía inconsciente. Este tipo casi lo hizo caer una vez y ahora estaba en su