Mundo ficciónIniciar sesiónUnas grandes manos recorrían mi desnudez. Me abrían las piernas y hacían el espacio necesario para que Rodrigo regara su lengua por los labios de mi sexo, abiertos por los dedos inquietos de sus manos.
Me removía sobre las sábanas, tratando de entender que estaba siendo despertada por una intensa necesidad sexual de un hombre que me había hecho el amor poderosamente dos veces la pasada noche, y ahora a las cinco de la mañana, hora que co







